Llegar aquí es más difícil que un parto... (Wilfredo Arriola)
Wilfredo Arriola
Miembro de GLF Era el año 2008 cuando curse una asignatura extra de mi pensum normal, Técnicas de investigación impartida por Oscar Sánchez, a quien me acerqué y le comenté mi pasión por las letras, a lo que él respondió con un tono seco: “te recomendaré a alguien que sabe de la materia. Imparte un taller en la Universidad Evangélica de El Salvador. A lo mejor él te puede ayudar. Creo que es pagado, pero podré hablar con él para que te dé una bequita. Antes me gustaría ver lo que haces. Anota mi correo y mándame lo que considerés lo mejor. Quizá y te conecte, es amigo mío, te podría servir de algo”. Yo, con la rebeldía de siempre, lo hice. Me desvele haciendo ese agrio tamizaje de considerar qué era lo más rescatable de mi escasa obra y pude dar con lo que me sentía más orgulloso en aquel entonces. A la siguiente clase, Óscar, un caballero, me dijo: “he recibido tu trabajo”. A contra pronóstico, porque yo sabía y no de oídas, lo había experimentado en carne viva, de que era muy raro que alguien se tomase el tiempo de leer tus intentos de escritos y no obstante darte un comentario. El de él fue: “Necesitás una pulida y sobre todo taller. Si te gusta y tenés dedicación podés disciplinarte y mejorar”. Así fue como en esa breve conversación, me hizo asistir en el 2008 al taller de escritura creativa, impartido por Mauricio Vallejo Márquez, en la segunda planta de aquella universidad. Mi primer dialogo con el poeta fue: “Venir aquí, es más difícil que un parto”. Vallejo, dijo: “No, un parto es mucho más complicado, pasá adelante…” Asistí en los próximos meses a aquel taller. Aprendí, compartí, leí. Fue una experiencia enriquecedora. A fuerza de disciplina, tenacidad y amistad, al año y medio de empezar ese interminable camino de la literatura, Vallejo Márquez me invitó a formar parte de una colección de plaquettes, donde había tomado a bien incluir mi primera obra (Sueño Inverso, 2018) para hacer parte de aquella nueva generación que impulsaba Ediciones La Fragua. Así fue, lo presentamos en la Universidad Tecnológica y también en el Museo de la palabra y la imagen en ese mismo periodo de tiempo 2008-2009. Y desde aquel entonces, continuamos en este arduo trayecto de compañerismo, amistad y carácter literario. La Fragua siempre me abrió las puertas. Músicos, poetas, artistas plásticos me siguen ayudando a crecer, a no dejar el camino, a ser más consecuente con mi obra y me impulsan a continuar. Sigo pensando que es confortable encontrar a personas con los mismos ideales tuyos, para poder hacer camino, para dar esa milla extra que todos podemos dar. Han pasado desde aquel entonces unos doce años desde aquellas conversaciones iniciales, y puedo decir, sobre todo, que este vínculo editorial me llena de orgullo, complicidad y dedicación. Que no solo son mis compañeros, también mis amigos y que saben que pueden contar con una opinión de mi persona hacía ellos. Saber combinar fuerzas en este mundo es la suma de generar un nombre para la posteridad. Todos los grandes escritores se forman con grupos de apoyo, con opiniones, con segundas opiniones y sobre todo, lo esto escrito antes, con sinceridad. Para mi eso es La Fragua un apoyo para el progreso y la calidad.
Miembro de GLF Era el año 2008 cuando curse una asignatura extra de mi pensum normal, Técnicas de investigación impartida por Oscar Sánchez, a quien me acerqué y le comenté mi pasión por las letras, a lo que él respondió con un tono seco: “te recomendaré a alguien que sabe de la materia. Imparte un taller en la Universidad Evangélica de El Salvador. A lo mejor él te puede ayudar. Creo que es pagado, pero podré hablar con él para que te dé una bequita. Antes me gustaría ver lo que haces. Anota mi correo y mándame lo que considerés lo mejor. Quizá y te conecte, es amigo mío, te podría servir de algo”. Yo, con la rebeldía de siempre, lo hice. Me desvele haciendo ese agrio tamizaje de considerar qué era lo más rescatable de mi escasa obra y pude dar con lo que me sentía más orgulloso en aquel entonces. A la siguiente clase, Óscar, un caballero, me dijo: “he recibido tu trabajo”. A contra pronóstico, porque yo sabía y no de oídas, lo había experimentado en carne viva, de que era muy raro que alguien se tomase el tiempo de leer tus intentos de escritos y no obstante darte un comentario. El de él fue: “Necesitás una pulida y sobre todo taller. Si te gusta y tenés dedicación podés disciplinarte y mejorar”. Así fue como en esa breve conversación, me hizo asistir en el 2008 al taller de escritura creativa, impartido por Mauricio Vallejo Márquez, en la segunda planta de aquella universidad. Mi primer dialogo con el poeta fue: “Venir aquí, es más difícil que un parto”. Vallejo, dijo: “No, un parto es mucho más complicado, pasá adelante…” Asistí en los próximos meses a aquel taller. Aprendí, compartí, leí. Fue una experiencia enriquecedora. A fuerza de disciplina, tenacidad y amistad, al año y medio de empezar ese interminable camino de la literatura, Vallejo Márquez me invitó a formar parte de una colección de plaquettes, donde había tomado a bien incluir mi primera obra (Sueño Inverso, 2018) para hacer parte de aquella nueva generación que impulsaba Ediciones La Fragua. Así fue, lo presentamos en la Universidad Tecnológica y también en el Museo de la palabra y la imagen en ese mismo periodo de tiempo 2008-2009. Y desde aquel entonces, continuamos en este arduo trayecto de compañerismo, amistad y carácter literario. La Fragua siempre me abrió las puertas. Músicos, poetas, artistas plásticos me siguen ayudando a crecer, a no dejar el camino, a ser más consecuente con mi obra y me impulsan a continuar. Sigo pensando que es confortable encontrar a personas con los mismos ideales tuyos, para poder hacer camino, para dar esa milla extra que todos podemos dar. Han pasado desde aquel entonces unos doce años desde aquellas conversaciones iniciales, y puedo decir, sobre todo, que este vínculo editorial me llena de orgullo, complicidad y dedicación. Que no solo son mis compañeros, también mis amigos y que saben que pueden contar con una opinión de mi persona hacía ellos. Saber combinar fuerzas en este mundo es la suma de generar un nombre para la posteridad. Todos los grandes escritores se forman con grupos de apoyo, con opiniones, con segundas opiniones y sobre todo, lo esto escrito antes, con sinceridad. Para mi eso es La Fragua un apoyo para el progreso y la calidad.
Foto: Presentación plaquettes Sueño Inverso, Wilfredo Arriola y Pecado, Nestor Moreno - Univesidad Evangelica de El Salvador - Editorial La Fragua 2008
Carlos Calles-Wilfredo Arriola-Nestor Moreno-Mauricio Vallejo Márquez



Comentarios
Publicar un comentario